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Nuestra Espiritualidad
“entregadas con alegría a Dios
por su Reino
según el espíritu de María”.
(Constituciones SMSM 23)
Nuestras Pioneras se sintieron impulsadas a vivir su vocación
como Misioneras
como Maristas
como Religiosas
“deseamos responder con gozo a la llamada de Cristo” (ibid. 2) hoy en nuestro mundo:
Misioneras
“Estamos dispuestas a dejar nuestro propio país,
para salir o volver a salir,
hacia otros pueblos, otras culturas” (ibid. 16), seguras que el Espíritu nos precede y nos impulsa.
Somos “enviadas
a aquellos que no conocen a Cristo,
a aquellos que están en marcha hacia El,
o a iglesias locales que necesitan una ayuda misionera” (ibid. 17).
“Entre otras gentes y en nuestro propio país,
con respeto y diálogo
tratamos de ser lazos de comunión
entre pueblos, razas y culturas,
y testigos del amor universal” (ibid. 22).

Maristas

Tratamos de vivir la vida de María
en su servicio fiel en Nazaret
en su presencia entre los apóstoles en la Iglesia naciente.
Queremos estar presentes para los otros en el mundo de hoy, como María lo estuvo en el suyo dándoles la oportunidad de utilizar sus dones para hacer presente el Reino de Dios.
Pertenecemos a la Familia Marista, con
los Hermanos Maristas (FMS)
los Padres Maristas (SM)
las Hermanas Maristas (SM)
el Laicado Marista
Religiosas
“Cristo nos ha reunido en una sola y misma familia, bajo el nombre de María, para participar en Su misión” (ibid. 152).
En oración

“Como la savia nutre la planta,
y la hace producir frutos,
la oración nutre y fecunda nuestras vidas
consagradas para la Misión.
En las celebraciones comunitarias
o en los encuentros personales con el Señor,
cuyo amor nos ha poseído,
y en quien encontramos nuestro gozo,
donde permanecemos unidas a El.
La acción nos devuelve a la oración
que la completa, la ensancha,
y la orienta hacia la gloria de Dios
y la salvación del mundo" (ibid. 119).
En comunidad
Vivimos en comunidades internacionales
“tratando de ser mensajeras y testigos
de la Buena Nueva, las unas para las otras y,
juntas, para los que nos rodean” (ibid. 153).
“Dentro de un ambiente donde se refleja
la presencia del Señor y de su Madre,
vivimos juntas y ponemos en común lo que tenemos,
rezamos juntas y nos reunimos
alrededor de la Eucaristía
buscamos juntas la mejor manera
de participar en la misión” (ibid. 154).
Como religiosas consagradas
Al ser religiosa consagrada, cada una de nosotras se compromete con votos a seguir a Cristo sobre todo
- En castidad consagrada
viviendo como célibe,
entregándonos con amor a Dios,
amando a todos aquellos a quienes Dios nos envía;
- En obediencia evangélica
buscando el plan de Dios para nosotras y la Congregación
para vivir fielmente nuestra vocación en la Iglesia
y disponibles para la misión;
- En pobreza evangélica
viviendo sencillamente y compartiendo nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros dones, especialmente con los pobres y olvidados.
