
Para responder cada día al amor fiel de Dios,
para servir competentemente a aquellos a los que El nos envía, y ser sus testigos ante ellos,
para captar las nuevas llamadas y aportar en un mundo a la vez bello y pecador,



respuestas conformes al Evangelio,
tenemos que continuar sin cesar nuestra formación humana, espiritual y misionera.